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CARLOS ÁLVARO
Miércoles, 1 de marzo 2006, 01:00
El tango, el swing, el cha-cha-chá o la salsa. Cualquier baile tiene éxito en Sepúlveda porque los vecinos están como locos por aprender. La fiebre de los bailes de salón se ha disparado en la localidad desde que la discoteca La Violeta tuvo la feliz idea de organizar un curso especializado en la materia, aunque el empresario, Juan Antonio Herrero, confiesa que puso en marcha las clases a petición de los vecinos.
Herrero pensó el pasado otoño en formar un grupito de unas 40 personas, pero las previsiones se le han desbordado; en la actualidad, hay 140 participantes y otros 16 están a la espera de que haya alguna inscripción más para poder entrar a formar parte de un nuevo grupo. «No nos esperábamos una respuesta así, pero está visto que se han enganchado y hasta ahora no ha habido ninguna baja. No se trata de una fiebre cualquiera; aquí hay verdadera afición», apunta Herrero.
La demanda de inscripciones obligó a hacer varios turnos. Los domingos acuden tres grupos seguidos, de 19 a 22 horas, con el aliciente de que la discoteca cede después la pista para que los aprendices practiquen todo lo que quieran. El sábado por la tarde solo hay un grupo, aunque se está a la espera de formar otro y de organizar un monográfico de tangos para parejas. Todo esto ocurre en una localidad que suma 1.300 habitantes, o sea que el 10% de la población va a clases de baile.
Sergio Cardozo, el profesor, también está impactado con una respuesta que no esperaba ni por asomo. Presidente de la Asociación Cultural Danzaria, también imparte clases en Madrid. El propietario de La Violeta dio con él después de mucho buscar -en Segovia no había profesores de baile dispuestos a viajar a Sepúlveda todos los fines de semana- y ahora Sergio, un argentino de 42 años, es todo un referente en Sepúlveda, donde permanece los fines de semana hasta que el domingo por la noche, después de la última clase, regresa a Madrid.
La televisión
«Yo creo que el programa de TVE 'Mira quién baila' ha tenido mucho que ver, pero ellos me aseguran que ya llevaban tiempo interesados. Bueno, lo importante es tener alumnos así, con tanto interés y tantas ganas de bailar», señala Cardozo.
Verdaderamente, el programa de televisión ha ayudado a extender la afición, pero el interés por los bailes de salón lleva años en el punto más alto, sobre todo en ciudades como Madrid, donde las academias y las salas de baile no dan abasto.
En su primer curso, los aprendices sepulvedanos están tomando contacto con varios bailes, tanto de salón como los llamados ritmos caribeños. «Se trata de dar un pantallazo de todos los bailes; después ellos tiene que practicar mucho porque a bailar se aprende bailando, y en un segundo curso se profundiza aún más», comenta el profesor, para quien el tango, por su complejidad, y la salsa, por su rapidez, son las danzas más difíciles de asimilar.
Los alumnos sepulvedanos son de todas las edades, según el dueño de La Violeta. A clase acuden desde chicas de 17 años a mujeres de cincuenta y tantos, casados, solteros y matrimonios jóvenes que quieren aprender a bailar. La moda de los bailes de salón pega fuerte en Sepúlveda, muy fuerte.
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