Secciones
Servicios
Destacamos
ÁNGEL DEL POZO
Viernes, 20 de enero 2006, 01:00
No era la primera vez que el abuelo Baldomero acudía al bosquecillo de hayas. Visitaba este lugar cuando necesitaba relajarse o buscar solución a algún problema -como precisamente era el caso esa gris mañana de otoño-. La preocupación del veterinario estaba justificada, las vacas de los alrededores estaban aquejadas de un extraño mal, al cual no había conseguido poner remedio.
Allí en un pequeño claro, descubrió a un hombre que parecía que estaba examinando una de las viejas hayas; intrigado se acercó para saludarle y no se dio cuenta de su extraño atuendo hasta que estuvo muy cerca -vestía una especie de traje de tela blanca que le cubría desde el cuello hasta los pies-. De su cinturón colgaba una especie de escafandra, por lo que Baldomero imaginó que podía ser un apicultor. Era un hombre alto y delgado, de piel blanca y pelo rubio, facciones bien dibujadas y la serenidad reflejada en su rostro, donde destacaban dos ojos verdes muy límpidos.
Enseguida entabló conversación con aquel extraño forastero, que por lo visto tenía un gran conocimiento sobre las hierbas y plantas del lugar, aconsejando al veterinario que suministrara a las vacas un cocimiento a base de mezcla de raíces, hierbas y cortezas de árboles. Se despidió de aquel enigmático personaje y preparó de inmediato la receta proporcionada obteniendo resultados muy satisfactorios. Fue al día siguiente cuando Baldomero comenzó a pensar que existían piezas que no encajaban, sobre todo después de encontrar en sus pertenencias un medallón de metal plateado, recordando vagamente que aquel personaje se lo había entregado. Además, comenzó a cuestionarse algunas cosas de aquel extraño encuentro: en la zona no tenía constancia de que se hubiese instalado ninguna colmena y un escalofrío recorrió su cuerpo cuando recordó que en ningún momento le había visto mover los labios durante la agradable conversación que habían mantenido. No podía ser un sueño o una alucinación porque allí delante de él estaba un extraño objeto: el sensor, como le llamó aquel personaje.
Encuentro en la nave
Transcurridos varios días y a través de los sueños, comenzó a obtener claves simbólicas que le condujeron a un encuentro físico con esos seres. Sucedió un 22 de junio, en un paraje aislado, donde comenzó a observar cómo en la estrellada noche destacaba una luz que fue agrandándose hasta convertirse en un disco de dimensiones gigantescas y situarse justo encima suyo. En esa nave mantuvo un encuentro con esos seres, unos terrestres, según le aseguraron, y otros denominados Hermanos Mayores que le explicaron que todo aquello obedecía a un plan: el futuro de nuestro Planeta y de la Humanidad iba a pasar una serie de graves dificultades, todos ellos estaban involucrados en un programa de ayuda al Planeta y necesitaban personas de la Tierra que estuvieran dispuestas a intentar cambiar el rumbo de las cosas.
Baldomero acepto y recibió de manos de aquellos seres una serie de manuscritos -recopilados en un libro que contenían la historia de la Humanidad-. De esta manera, se lo contaba a su nieto Alberto, a quien pasó el testigo poco antes de fallecer: «Ahí estaba contenida la historia de la vida, el nacimiento del Planeta, de los hombres, de las civilizaciones que lo han poblado, pero, sobre todo, de lo que el hombre ha venido a hacer a este pequeño planeta. Ahí, Alberto, estaban contenidas muchas En definitiva, toda una filosofía de vida. Aquellos seres me dieron una clave para contactar con ellos y mantener comunicaciones telepáticas ».
Esta resumida historia que acaban de leer la pueden encontrar narrada con maestría en el libro 'Los Manuscritos de Geenom (I)'. Para conocer los entresijos de estos sorprendentes hechos, hemos puesto rumbo a la capital de España, donde residen dos de los fundadores del grupo Aztlán.
Una novela muy real
Luis Arribas y María del Pinar Merino me reciben con amabilidad en su propia casa. Les pregunto sobre la veracidad de los hechos narrados anteriormente y esta es su respuesta: «Esa historia es novelada pero tiene mucho de realidad, ya que el personaje Baldomero es una refundición de dos abuelos de personas del grupo; uno de ellos poseía capacidades extrasensoriales y el otro había mantenido comunicaciones con seres de otros planetas». En el libro siguen narrando que después de leerse los manuscritos comienzan a realizar pruebas de comunicación con esas entidades extraterrestres con resultados positivos. Estas consisten en la práctica de la 'Ouija', la psicografía y las inducciones telepáticas.
María del Pinar asegura que, efectivamente, hay cuadernos y documentos escritos de esas comunicaciones con seres extraterrestres heredados del abuelo y que, desde luego, ellos fueron los primeros en cuestionarse la realidad del fenómeno, no en vano el nivel cultural está fuera de toda duda ya que ella es Psicóloga y Luis es licenciado en Economía. «Pasaron casi 17 años hasta que decidimos publicar en un libro -continúa su explicación María del Pinar- el fruto de nuestra experiencia; el primer año nos lo pasamos realizando pruebas de todo tipo para determinar la realidad del fenómeno y, sobre todo, contrastábamos las informaciones que nos llegaban. Lo curioso es que muchas de ellas aparecían tiempo después publicadas en prensa como ha ocurrido con algunos descubrimientos científicos. Nosotros siempre hemos preferido centrarnos en el mensaje, ya que la realidad del fenómeno la tenemos perfectamente asumida, debido a nuestras experiencias».
castillaoculta@hotmail.com
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Los libros vuelven a la Biblioteca Municipal de Santander
El Diario Montañés
Publicidad
Publicidad
Recomendaciones para ti
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.