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Miguel Ángel Pindado
Jueves, 8 de diciembre 2016, 00:41
El Recoletas Atlético Valladolid logró llevar la sonrisa y la satisfacción a una grada que confía plenamente en sus equipo y en su técnico.
Jornada tras jornada, la plantilla azulona pone de manifiesto que tiene margen de mejora y sabe aprovecharlo. Impuso su ritmo y su juego a un Bidasoa muy completo, pero que falló en exceso en los lanzamientos de sus laterales y sufrió las exclusiones en los momentos clave del encuentro. Que ambos equipos se conocen bien de sus disputas en la categoría inferior quedó claro con el parcial de 1-1 a los cinco minutos. El temor a encajar impedía mayor claridad de ideas. Ambos centrales, Lancina por los vascos y Diego por los locales, buscaban a su pivote, pero las defensas estaban avisadas.
Y el Atlético hizo bueno el dicho de que quien da primero da dos veces. Los vascos lo hicieron con los palos y los vallisoletanos con las redes. Así, con un marcador de 6-3 a los once minutos, Jacobo Cuétara paró el partido y cambió por completo su primera línea en busca de mayor lanzamiento con Borragán y Cristian Martínez. Pero los de Nacho González respondieron otro parcial de 3-1 y el técnico vasco no tuvo reparos en volver a pedir un tiempo muerto para frenar la sangría. El partido entró en una fase de igualdad. A base de defensa y contragolpe, el Atlético llegó al ecuador con una clara ventaja de 15-11.
Tras el paso por el vestuario, el Bidasoa ajustó mejor su defensa y el Recoletas se atascó, pese a que su juego seguía por los mismos parámetros que en la primera mitad. Los vascos redujeron al mínimo las diferencias (16-15), pero aquí de nuevo surgió el genio y la madurez del equipo. Los vascos se empeñaban en jugar por el centro y ahí Turrado y Serdio se volvieron infranqueables. Y las pérdidas y paradas de Javi Díaz se convirtieron en contragolpes que devolvieron el mando a los locales (19-16).
La exclusión de Nico y un par de paradas de Zubiría volvieron de nuevo a estrechar el electrónico (20-19), pero ahí volvió de nuevo el Recoletas a demostrar su madurez. Y las dos exclusiones de Kauldi y Borragán sirvieron para que los locales estiraran de nuevo, y esta vez de manera definitiva, el marcador (26-21), especialmente de la mano de un Diego Camino soberbio en la lectura del partido, al aprovechar la superioridad para penetrar una y otra vez en la defensa vasca.
El Bidasoa recurrió a colocar a Kauldi como avanzado con el fin de frenar a Camino, pero entonces dejó atrás los huecos suficientes para que Nico y Serdio campasen en el pivote. Y por si fuera poco, también apareció el genio de Javi Díaz en la portería con un par de paradas que cortaron por completo cualquier atisbo de reacción guipuzcoana. A falta de cinco minuto, el 28-23 era insalvable, incluso con algunas pérdidas absurdas propias de la relajación local al ver el partido perfectamente encarrilado.
El Atlético es quinto. Una posición para disfrutar.
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