Borrar
El director Andrew Gourlay felicita al compositor Jesús Rueda en el Auditorio Nacional. R. M. C.
La OSCyL estrena la melodiosa infancia de Jesús Rueda

La OSCyL estrena la melodiosa infancia de Jesús Rueda

La Sinfónica regional, dirigida por Andrew Gourlay, participó el martes en el ciclo de Ibermúsica en el Auditorio Nacional

Victoria M. Niño

Valladolid

Miércoles, 15 de noviembre 2017, 14:54

Pinos, carreras, siestas, largos en agua dulce y salada. Todo eso forma parte de la infancia de Jesús Rueda y de tantos otros niños. Solo que no todos superan la cincuentena y buscan el retrogusto de aquel tiempo y menos aún, son capaces de traducirlo en sonidos que conforman una sinfonía. ‘July’ es la cuarta del compositor madrileño y el martes la estrenó al Orquesta Sinfónica de Castilla y León en su el programa con el que participó en el ciclo Ibermúsica en el Auditorio Nacional.

Ciclo que cumple 48 años, ha ido consolidando un público que ha crecido con las propuestas de Aijón. Pero aún así, a pesar del gran nivel, siempre hay algún caballero que pregunta a su dama, -durante décadas han sido ellas las organizadores de la vida cultural en las casas españolas- «¿qué van a tocar?». A lo que ella contesta «es una sinfonía de un español», Y,como si del cine se tratara, apostilla él «buahhh».

Pero la música en sociedad conlleva el imperativo del silencio y comienza una orquesta sobredimensionada, con los vientos metal un poco apartados. La OSCyL tocaba en un auditorio más recogido que el Miguel Delibes, todo suena más fuerte y cercano. Andrew Gourlay, director titular, al frente de la sinfónica que también dirigió el amo temporal de ese atril, David Afkham, titular de la Orquesta Nacional Española. Jesús Rueda deja hueco entre una y otra sinfonía y para esta anunciaba una síntesis de recursos, una manera de construir el edificio musical con apenas «cuatro ladrillos, cuatro acordes». A pesar de ser reconocibles, a pesar de su reiteración, el Premio Nacional de Música 2004 va enredando al oyente. Rueda ha hecho trabajar mucho a Marianne ten Voorde, la arpista. Ella, a menudo acompañada por el piano de Irene Alfageme, marca los cambios en el juego orquestal. El aire fresco se cuela entre la cuerda, la felicidad estival es contagiosa. Rueda nos invita a volver a ella con el hipnótico repetir de las cuatro células sonoras. Trombones socarrones y un allegro casi cinematográfico-jazzístico cierra la obra.

Al final de los tres movimientos, la señora del comienzo inquiere al caballero, «¿te ha gustado?», y él reconoce que sí. Aijón sembró y Llorenç recoge el fruto de ese milagro llamado Ibermúsica. La OSCyL participa por segunda vez en este ciclo que rinde pleitesía al Concurso Internacional de Dirección de Cadaqués, teniendo muy en cuenta a los ganadores -no en vano solo en esta temporada participan Noseda, Jaime Martín, Lionel Bringuier y Andrew Gourlay, todos sus carreras deudoras de esa cita- y a la propia orquesta circunstancial que lleva su nombre.

Talento precoz

Jesús Rueda salió a saludar y se redoblaron los aplausos. Tras él, el turno del concierto, con Vadim Repin como solista. El violinista interpretó el concierto de Glazunov. Compositor y virtuoso comparten la precocidad de su talento. A los once años Vadim comenzaba su debut internacional, la misma edad a la que Glazunov componía su música romántica. Repin también tiene en común con Gourlay su dominio del repertorio ruso. Ya habían trabajado y lucido el resultado de este concierto la semana pasada en el Miguel Delibes. Repin salió más motivado al escenario madrileño. Solista desde el segundo compás, Glazunov no deja descansar a ningún músico en esta obra. Como en el caso de Rueda, hay una melodía que transe toda al obra, que va surgiendo suave, otras veces más contundente, a veces con la flauta, otras con el arpa, y al final suena folclórico, casi como un ‘fiddle’ sinfónico, un trocito de la música doméstica rusa.

Aplausos repetidos, dos salidas del solista pero no hubo ocasión de pedir propina. Aún quedaba un largo y pasional Stravinski, el de ‘El pájaro de fuego’.

La OSCyL ha vuelto a medirse en la primera división demostrando su gran nivel. Lástima que tal exhibición no fuera constatada por quienes rigen la cultura en Castilla y León. La próxima cita fuera del Miguel Delibes, en París.

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios

elnortedecastilla La OSCyL estrena la melodiosa infancia de Jesús Rueda