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Victoria M. Niño
Jueves, 21 de mayo 2015, 13:05
Programa literario para el concierto de abono de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León de esta semana. Byron y Maeterlinck, según Berlioz y Schönberg, a cargo del solista Roberto Díaz y el director Juanjo Mena. Ensayos en español con acento americano.
Harold en Italia es la obra que escribió Berlioz atendiendo al encargo del célebre Paganini. El violinista tenía una viola Stradivarius y le pidió una obra para tocarla. El francés compuso una sinfonía en la que el personaje de Harold se identifica con un tema presente en los cuatro movimientos. Paganini no quedó muy satisfecho ya que esperaba un papel protagonista como en un concierto de solista. «No es un concierto, se parece más a un poema sinfónico en el que mi voz es la de Harold en cuatro paisajes diferentes. Es interesante ver cómo la viola se relaciona con lo que pasa en la orquesta, mientras que en un concierto la orquesta acompaña al solista», explica Roberto Díaz.
Desarrollo de repertorio
El violista chileno lleva 40 años en Estados Unidos por eso, aunque «no hay manera de quitarte el país de encima», no confía del todo en su español. Hijo de violista español, fue su padre el que aceptó una Fullbright para la Universidad de Indiana y allí, el hijo cambió el violín por la viola a los 15 años. Aguantó pacientemente los chistes que acompañan a su instrumento y celebra el cambio experimentado durante el último siglo.
«Se acabó lo de recomendar a un violinista malo que coja la viola. En las audiciones del Curtis Institute, hace tiempo que el nivel de los violistas está por encima de los violinistas». Díaz atribuye el cambio de papel de su instrumento a los grandes solistas del siglo XX. «Intérpretes como Hindemith, Tertis o Primrose encargaron a Walton, Bartók y Schnittke conciertos para viola. La generación posterior, con Yuri Bashmet al frente, lo mismo, de tal forma que el repertorio para viola ha crecido». Roberto Díaz ha estrenado recientemente un concierto que encargó a Jennifer Higdon, «es una compositora muy conocida en Estados Unidos pero no tanto en Europa. Lo volveré a tocar este verano en Aspen». Díaz recuerda que ese mismo desarrollo lo vivió el piano con Beethoven, Brahms Liszt o Chopin así como el violín. Se estrena con la Orquesta Sinfónica de Castilla y León y debuta en Valladolid. Sin embargo con el maestro Juanjo Mena ha trabajado en varias ocasiones; en Bilbao (el concierto de Bartók), en Santiago de Compostela (el de Hindemith), «también le invitamos al Curtis Institute y dirigió nuestra orquesta exitosamente en varias escenarios de Estados Unidos». En 2014 estrenó el Concierto para violín y viola de Penderecki.
Escuela sin sello
«Es un hombre increíble. También le invitamos a la escuela. Allí se quedó impresionado con los instrumentistas y con los seis estudiantes de composición por el nivel pero sobre todo, porque no se parecían entre ellos, escribían cosas muy distintas, no había sello de escuela». La búsqueda de la personalidad, de la originalidad en la creación es casi opuesta a la de la interpretación que miden los concursos internacionales. «Tenemos muchos alumnos que prueban. En 2014 el Queen Elizabeth lo ganó un violinista de la Curtis y este año tenemos a dos en las finales. Son una oportunidad para hacer otras cosas no una meta en sí mismos porque es cierto que homogeneizan. Suele ganar aquel que no ofende al jurado, que no trata de hacer algo demasiado personal y original. Por eso suelo rechazar cuando me ofrecen la posibilidad de ser miembro de un jurado, por esto y porque seguro que habrá alguien de mi escuela concursando».
Las giras le llevan a cruzar muchas veces el Atlántico, a confrontar dos maneras de hacer las cosas. «En Estados Unidos hay muchos compositores preocupados por la reacción que buscan en el público algo que no veo en Europa. También la docencia y la manera de hablar de una suite de Brahms es distinta, por eso recomiendo a mis estudiantes que prueben ambos lados».
La obra que completa el programa es Pelleas y Melisande, el amor maldito de la obra de Maeterlinck que musicaron Fauré, Sibelius, Debussy y Schönberg. La partitura de este último será la que interprete la OSCyL.
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