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JESÚS BOMBÍN
Viernes, 6 de febrero 2015, 21:35
El mundo del libro vive tiempos de zozobra, inmerso en una tormenta perfecta en la que confluyen una crisis económica que ha mermado el poder adquisitivo de la clase media, la piratería, los reajustes empresariales en editoriales y librerías o los vaivenes políticos que tienen su repercusión en la demanda de libros de texto. Todo ello está obligando a una reinvención en convivencia con el libro digital, anunciado hace años como una revolución pero que no acaba de despegar y pone en entredicho muchas voces que hace años entonaron el réquiem por el libro en papel.
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La cifra de publicaciones (72.416 títulos el año pasado, un 2,5% menos que el anterior) convive en España con un índice de lectura en el que son poco más del 45% los que leen habitualmente). Un océano de libros y autores en busca de un lector que además ahora se distrae con nuevas fórmulas de ocio.
En el ámbito empresarial, los ajustes ponen en evidencia cómo la crisis está pasando factura a grandes del sector como la editorial leonesa Everest en forma de un ERE de carácter temporal que afectará a 118 de los 230 trabajadores. Mientras los grandes sellos acusan más los embates de los cambios, han surgido microeditoriales cuya proyección va más allá de la publicación de libros y se van haciendo un hueco en el mercado cultural.
Por si fuera poca distorsión, los dispositivos electrónicos y las redes sociales, se han erigido en una fuerte competencia para el hábito de la lectura en una época en la que el tiempo va camino de convertirse en un valor tan codiciado como escaso. «El ocio ha cambiado radicalmente, la tableta se lee en el sofá, el sector tiene que reinventarse ya», certifica sin ambages Javier Celaya, socio fundador de Dosdoce.com, observatorio que analiza el impacto de Internet en el mundo del libro.
En opinión de este consultor, el principal reto pasa por convencerse de que vivimos en la era digital, que el mundo analógico es cosa del pasado. «Aunque es cierto que el sector ha digitalizado fondo y lo comercializa, hay editores que a raíz de las últimas publicaciones de datos que muestran que lo digital no crece, lo han tomado con alivio cuando lo deberían tomar con preocupación. La pregunta que deberían hacerse es por qué no crece lo digital cuando el futuro es digital. Las razones son múltiples; por un lado, no está toda la oferta que debería estar. Y no hay que olvidar el precio: hay editoriales que siguen pensando en la era analógica con planteamientos de un precio no dinámico. Y en tercer lugar, vivimos un cambio de hábitos que durante la crisis ha hecho desaparecer el 30% de las librerías, el principal canal que obliga al sector a inventar otros que hoy no existen».
El volumen de facturación mantiene una tendencia decreciente que en 2013 se saldó con unas ventas de 153,8 millones de ejemplares, un 9,6% menos. Desde 2008 el comercio interior del libro ha perdido 900 millones de euros, según la Federación del Gremio de Editores de España, que agrupa a más de 800 empresas. Su director, Antonio María Ávila lo achaca a varias causas: «La crisis afecta en la medida que hay menos dinero disponible para el libro. Doscientos millones se han perdido porque las administraciones públicas han reducido al mínimo las adquisiciones para bibliotecas, se han retirado las ayudas a la compra de libros de texto y en algunas regiones se reutilizan de un curso para otro. Esto tiene gran incidencia porque el libro de texto supone el 30% de la facturación».
Por contra, el comercio exterior se está convirtiendo en el salvavidas con el que enjugar pérdidas. En el contexto de dificultades para sobrevivir Ávila destaca la aparición de microempresas con proyectos culturales que están adaptándose bien en un mercado cada vez más fragmentado. «Tienen una estructura muy recortada, hacen su trabajo muy bien y están aguantando».
Aún así, el portavoz nacional de los editores confía en que el sector revierta la tendencia bajista a medida que vaya mejorando la economía. «Lo normal es que las bibliotecas vuelvan a comprar y que el tema digital lo desarrollemos adecuadamente».
Precisamente este aspecto, la falta de empuje del libro electrónico, es un asunto que motiva no pocos debates entre los agentes que operan en el mundo del libro. En el año 2014 se registraron 19.077 títulos en formato digital, un 6,2% menos que en 2013, una cifra que supone el 26% del total de la producción de las editoriales. Y, por si fuera poco, solo el 32% de los españoles paga por descargar libros de la Red. «Ha habido una horrorosa presión mediática para vender los dispositivos electrónicos por parte de un subsector con intereses comerciales que decían que era la panacea. En España se han hecho inversiones muy fuertes y no ha habido retorno, aunque es curioso que en el tema jurídico el papel ha desaparecido. Lo digital tendría que tener un desarrollo más amplio en el ámbito educativo pero hace falta tiempo y formación». Con una tirada media de 3.200 ejemplares que cada año merma un poco más, lejos quedan los tiempos en los que alcanzar los 10.000 ejemplares estaba al alcance de la mano. Lo que también ha caído es el precio. El informe de 2013 realizado por el Gremio registra un importe medio por ejemplar de 14,18 euros.
La Uña Rota, desde Segovia
En 1996 Carlos Rodríguez y otros tres compañeros crearon La Uña Rota, cuya propuesta basada en textos inéditos en castellano obtiene recompensa entre los lectores. «Seleccionamos mucho y publicamos unos siete títulos al año y nos va bien con esta filosofía. Para ello es precisa la complicidad del librero y el distribuidor, porque si entienden nuestra idea, nuestros libros aguantarán más en la mesa de novedades. Trabajamos mucho la difusión para llegar al público que nos sigue. Ahora hay un batiburrillo de reseñas y recomendaciones y se hace imprescindible llegar a la comunidad que te interesa», apunta.
Al clima de cambios añade el consultor Javier Celaya la incapacidad del sector para entender, lamenta, que «en la era analógica la oferta de ocio y cultura era limitada, y la digital es la era de la abundancia, tenemos de todo. La pregunta que debemos hacernos es qué tengo que hacer para crear nuevos contenidos que atraigan el interés. Aún existen editores aferrados a la definición romántica de lo que es el libro».
Para Celaya la digitalización debe de ir mucho más allá de «coger un libro de Vargas Llosa y pasarlo del papel al formato electrónico. Hay que crear nuevas formas de crear historias y transmitirlas a través de tabletas, que sean interactivas y sociales. Que yo, como usuario, participe dentro de la obra o interactúe según donde esté leyendo, en definitiva, que las editoriales se crean que el futuro es digital y creen nuevos productos y canales, nuevos modos de contar historias. El gran debate es si lo que creo es un libro, una app o un videojuego, son nuevas formas para el siglo XXI. Hay un cambio de paradigma en la distribución, en el modelo de negocio y hay que afrontarlo. En España no estamos haciendo lo conveniente para ser la tercera industria mundial en digital como lo hemos sido en papel». Su planteamiento va mucho más allá cuando se pregunta qué lenguajes tiene a su alcance el escritor para contar una historia en formato digital. Todo un mar de propuestas que añaden aún más incertidumbre al sector.
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