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Los responsables de la delegación española en la Exposición de París posan delante del Guernica de Picasso, a la derecha
El Archivo custodia el proceso que llevó al Guernica en el 37 hasta la Exposición de París

El Archivo custodia el proceso que llevó al Guernica en el 37 hasta la Exposición de París

La documentación que custodia el Centro de la Memoria de Salamanca recoge cartas que se cruzó el Gobierno de la II República para construir el pabellón español

Luis m. de pablos

Martes, 21 de febrero 2017, 21:20

Son 2.262 cajas las que han ido saliendo en los once últimos años, 238 en el último envío a Cataluña en 2104, pero el Archivo de Salamanca aún sigue guardando miles de documentos que perfilan la memoria de España y a través de los cuáles se explica hasta el más mínimo detalle de su historia. Material extremadamente delicado y a su vez de extraordinaria relevancia que perfectamente podría convertirse en fuente inagotable de una de las mayores exposiciones de este país y de cuyo contenido, sin embargo, solo conocemos a cuentagotas por los estudios de historiadores e investigadores. Cajas, muchas de ellas deslavazadas, que se amontonan en estantes y entierran información tan relevante como la que ha ido desvelando este diario durante los últimos meses.

La caja que nos ocupa hoy, la caja 2.760, descubrió en 1997 en la sección de Madrid el proceso que llevó al Gobierno de la II República en el año 37, en plena Guerra Civil, a construir un pabellón para la Exposición Internacional de París. Magno proyecto entendido como instrumento propagandístico que llevó a tierras francesas una delegación de lo más florido de la cultura española. Hasta El Trocadero -lugar elegido para instalar la Exposición- llegaron las películas de Luis Buñuel, los versos de García Lorca, el grupo folclórico de Castilla y León liderado por Agapito Marazuela, y también uno de los lienzos más representativos de la época, obra de Pablo Picasso. El Guernica, inspirado en los bombardeos efectuados por la aviación alemana sobre la villa vasca, se vio por primera vez en la Exposición Internacional de París, y de toda la documentación necesaria para tal fin da buena cuenta hoy el Archivo. La caja 2.760, que es la que custodia la carta que José Gaos, por entonces comisario del Gobierno español, remite al presidente del Consejo de Ministros, Juan Negrín, explicándole los pormenores del presupuesto del pabellón español, así como un anticipo al propio Picasso. «La pintura mural hecha expresamente para nuestro pabellón debe ser adquirida por el Estado y, por lo tanto, a éste toca fijar en qué cantidad considera conveniente completar los 50.000 francos que se le han adelantado, teniendo presente que hasta ahora no se han reembolsado a Picasso gastos considerables», se anota en la carta.

La historia de Guernica había comenzado en enero de ese mismo año cuando el Gobierno de la República encarga a Picasso un gran cuadro de 11x4 metros para el pabellón español de la Exposición Universal.

Una exposición compleja que hubo de coordinar las delegaciones de más de cuarenta países, y que en el caso del pabellón español se adornaron sus paredes con carteles, fotografías y documentales que mostraron los horrores de la guerra. Entre otros, además de las mencionadas cintas de Buñuel y poemas de Federico García Lorca, se contó con el apoyo de numerosos intelectuales de la época, como Louis Aragon, Paul Éluard, Ernest Hemingway, Octavio Paz, André Malraux, Ilyá Ehrenburg, o Waldo Frank, entre otros.

Todo ello lo cuenta la caja 2.760. Los nombres de los artistas que integraron la delegación española, y también las cuentas de gastos que se generó con la construcción del pabellón español. En esa lista se incluyen los 900.400 francos que costó el edificio y los 75.000 empleados en los arquitectos, así como los 450.000 francos con los que subvencionó el Gobierno francés al español, cuyas relaciones en la época eran inmejorables desde que fuera proclamada la II República.

Aunque la primera piedra del pabellón se colocó el 27 de febrero de 1937, la construcción como tal no empezó hasta marzo. La construcción del edificio tenía que ser muy rápida, lo que determinó los materiales y en gran parte la estética del acabado final. El pabellón se situaba en la zona preferente de la exposición, concretamente en los jardines del Trocadero, al otro lado del río sena. El edificio a erigir tenía que respetar los árboles de la parcela y contaría con 1.400 metros cuadrados, sumando las zonas verdes que rodeaban la edificación. Los arquitectos tuvieron que adaptar el proyecto a las irregularidades y pendiente del terreno.

En plena Guerra Civil y en apenas seis meses, se logró llevar a cabo la inauguración del edificio que, en palabras del Gobierno de la II República, «representaba el esfuerzo del pueblo español por mostrar al mundo su compleja realidad», con una muestra de sus mejores producciones culturales.

Cuando el edificio está a punto de ser una realidad, el Gobierno emite un informe que refleja la programación que se debe llevar a cabo. «La exposición del traje popular, calculada en ochenta piezas, no puede tener cabida en el espacio previsto por lo que debido a su interés, podría exponerse durante unos días, quince días o un mes, habilitando para este objeto toda la planta alta del pabellón», se apunta, instando a que una comisión en Valencia «se cuide de la organización de los programas de las manifestaciones de folklore, conciertos, obras teatrales, conferencias, films y ediciones de discos que han de tener un lugar en el patio de nuestro pabellón».

Una documentación relevante que custodia el Archivo, y de cuyo hallazgo responde el historiador y presidente de la asociación Salvar el Archivo, Policarpo Sánchez. «El material que tiene Salamanca es de un valor incalculable y desde luego que su interés es digno de una exposición que convertiría a la ciudad en referencia internacional», señala Policarpo, que supo por primera vez de esta documentación en 1997. «Es entonces cuando lo pongo en conocimiento del Archivo. Mi papel es el de preservación del patrimonio, que esté bien conservado y catalogado para que se preserve en el tiempo, pero en este caso ya entonces sufría riesgo de deterioro», añade, insistiendo en la necesidad de trasladarlo a una exposición. «De este modo se acercaría el Archivo a sus verdaderos propietarios, que son todos los españoles», subraya.

El presidente de Salvar el Archivo va un poco más lejos en el hallazgo de toda esta documentación. «En 1939, dentro de la incautación de documentos, la Policía de Franco utiliza estos papeles para perseguir a todos esos artistas que habían colaborado en la República», explica, confirmando que con posterioridad esa documentación llega a Salamanca, pero en primera instancia lo hace a unas dependencias que tenía la Universidad Pontificia. «En la época, la gente se preguntaba el por qué había dos guardias a la puerta».

El propio Policarpo Sánchez, según asegura, fue quien comunicó a Miguel Ángel Jaramillo, director del Archivo en 1997, la existencia de toda esta documentación.

Una documentación relevante que se une a la que se ha ido destapando en los últimos meses, caso de la militancia de Buñuel en UGT, afiliado en 1936 y trabajador precisamente en la Embajada española en París, o el carné de la CNT que ostentó Paco Martínez Soria.

O todo este proceso que llevó a una delegación española hasta la Exposición Internacional de París en 1937, que custodia la caja 2.760, y que continúa siendo patrimonio del Archivo salmantino.

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