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sonia andrino
Martes, 8 de julio 2014, 14:35
Nunca el futuro es previsible. Nunca. Pero hay trazas en la vida que se van dibujando día a día y cuya trascendencia es tal que todo hace prever que no se diluirán en el tiempo. Aunque sea imprevisible ese futuro. Permanecerán. Como los 2.248 municipios que tiene Castilla y León y sus más de 2.200 entidades locales menores, que han conseguido hacerse fuertes y asegurar su permanencia en lo que seguro que cambiará, la Castilla y León del Siglo XXI que empieza ahora a reinventarse desde la fidelidad y el respeto a ese territorio.
El pacto firmado ayer entre la Junta y el PSOE con respecto al Proyecto de Ley de Ordenación, Servicios y Gobierno del Territorio, contempla algunas de esas trazas que no se diluirán en el tiempo. Los negociadores de ambos bandos apostaron por la autonomía municipal, por el mantenimiento de los servicios actuales en el mismo lugar en el que se prestan y por la igualdad de todos los ciudadanos a la recepción de esos servicios, independientemente del lugar en el que se viva.
Mensaje al Gobierno
Aunque a todas luces el enunciado no sorprenda, entre otras cosas por la lógica, en un momento como el actual, su trascendencia es descomunal. Esto significa que Castilla y León como comunidad ha unido sus fuerzas para seguir siendo una autonomía municipalista y ha lanzado un mensaje de firmeza, entre otros destinatarios, al Gobierno de la Nación, desde la resistencia más absoluta a deshacer un modelo territorial que funciona, que ha funcionado durante años y que quiere seguir funcionando. Es lo único que está claro en un futuro siempre impredecible.
Con el pacto político firmado ayer Castilla y León madura como comunidad. Lo hace a la edad justa, los treinta años, y superada la etapa de la pubertad que despertó con la aprobación del Estatuto en 1983. En todo este tiempo ha evolucionado, ha asumido y desarrollado competencias y está preparada para dar un paso más: ordenar su territorio desde el punto de vista de los servicios, pensando en la calidad de los mismos, respetando la eficiencia, y obedeciendo la libertad de cada uno de los ciudadanos para decidir dónde quiere vivir.
Y se inicia además esta nueva etapa con una garantía de estabilidad y de futuro puesto que la firma estampada en el pacto llevaba por un lado el sello del actual Gobierno regional y por otro, el del único partido que en un futuro podría tener posibilidades de gobernar. Los firmantes se lo ofrecieron también al Grupo Mixto, pero lo rechazó.
Se trata de un Acuerdo de Comunidad, en mayúsculas, como ha insistido en prácticamente todos sus discursos tanto institucionales como oficiales el presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, desde que hace dos años se pusiera al frente de la Legislatura.
Su persecución para conseguirlo ha transcurrido a la par que se buscaba el consenso con el principal partido de la oposición. «Tenemos que dar lo mejor de nosotros mismos para encontrar el acuerdo», decía el portavoz regional, José Antonio de Santiago-Juárez cuando el 4 de abril el Consejo de Gobierno de la Junta aprobaba el Proyecto de Ley y lo mandaba a las Cortes. Por entonces ya había conversaciones con el PSOE e incluso se había celebrado el medio año desde que el presidente de la Junta y el secretario regional del PSOE, Julio Villarrubia, firmaran en el Colegio de la Asunción (sede del Gobierno regional), junto al PP, el primer acuerdo político de grandes dimensiones que se ha conseguido en Castilla y León. Uno de los cinco puntos acordados tenía que ver precisamente con la ordenación del territorio. Es más, ese documento que entonces se denominó «de base», se ha convertido en el germen del pacto que se firmó ayer. Ese que garantiza la defensa de la autonomía municipal más allá del propio tiempo. En ese futuro impredecible.
Como el fútbol
Llegar al consenso no ha sido fácil. Más de ocho meses de encuentros y desencuentros, y no solo entre partidos, sino incluso dentro de ellos, se han tenido que superar para que al final exista el documento. La política es así (como el fútbol). Y la negociación, también.
En este último enclave se incluyen los intercambios de papeles que también se recogen en el pacto sobre ordenación. El PSOE puso como condición para firmar que se replanteen los cierres de las urgencias nocturnas en los 17 centros de salud de la comunidad que han perdido este servicio; una demanda que no tardará en fraguar.
Había tantas ganas de pactar que nada más terminar el pleno de ayer donde se hizo público este pacto, el portavoz del PSOE, Óscar López (negociador de la oposición) y el consejero de la Presidencia, José Antonio de Santiago-Juárez (negociador de la Junta) abordaron al consejero de Sanidad, Antonio Sáez, para que desde hoy se empiece a trabajar en ese cometido. Es más, esta misma tarde se constituirá un grupo de trabajo en las Cortes para cumplir con el acuerdo. Juntos trabajarán además en la creación de un plan especial de empleo en el que se incluirán actuaciones para fomentar la actividad laboral y empresarial entre los jóvenes. Y se da incluso una cifra: en 2014, la Junta le destinará 30 millones de euros.
Con estas lides, y desde el entendimiento político en un asunto de comunidad, se ha trazado una de esas líneas de estabilidad que hacen que ante un futuro, siempre impredecible, haya algunas cosas que no vayan a cambiar. Como los 2.248 municipios de Castilla y León. Siempre estarán aunque empiece a reinventarse en una nueva comunidad. La nueva Castilla y León.
Pie foto: El consejero de Sanidad y el de la Presidencia conversan nada más terminar el pleno de las Cortes para fijar la hora en la que comenzarán esta tarde las reuniones sobre las urgencias médicas.
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