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V. M. NIÑO
Sábado, 4 de mayo 2013, 23:43
Enjuto, recio, realista, pegado al suelo. Así se mostró ayer Jesús Carrasco en la Feria del Libro, así es la escritura de su primera novela publicada, 'Intemperie'. Va por octava edición desde enero, y supera la decena de traducciones previstas. Aguanta inmutable las apreciaciones que le hace el presentador, Jesús Marchamalo, y, aunque sabe a lo que venía, «preferiría hablar de otra cosa que no fuera mi libro».
Jesús Carrasco se explica. «Lo que ve el público es un libro con la cáscara de Seix Barral. Yo lo trato desde la primera frase hace siete años. Lo dejé tras 40 páginas porque no sabía cómo seguir. Escribí otra novela durante dos años y medio que no publicaré, y lo retomé hace tres años. En total unos dos años de escritura», aclara Carrasco (Badajoz, 1972). Y luego llegó la «lotería. Me tocó dos veces. Una primera porque pude ponerme a escribir. He trabajado de mil cosas y al final lo he podido hacer. Y segundo, me han dado la opción de publicar. A su vez el éxito de 'Intemperie' me permitirá dedicarme los próximos meses a estar frente a mi querida página en blanco. Hay otros premios añadidos, como poder conocer mi país presentándolo y encontrarme con gente que admiro». Este pacense sin acento alguno, y eso que vive en Sevilla, se vio sorprendido por el sí de la primera editorial a la que lo envió.
«No tenía ninguno de los ingredientes de la fórmula del éxito. Es un libro seco, violento, desabrido, con ciertas trampas lingüísticas. A pesar de todo, el público ha respondido, lo que significa que no es tan uniforme como creemos por las trilogías que encabezan las listas de los más vendidos». Sí reconoce que puede haber ayudado «la campaña de marketing de la editorial» y acepta estoico las grandilocuentes frases de la faja que abraza su libro.
«No creo que sea para tanto. A veces veo esto como si le estuviera ocurriendo a otro, me lo tomo con cierta distancia. Por eso decidí cerrar la siguiente novela antes de sacar esta, cuando mi editora comenzó a hablar de traducciones. Todo ocurre a tal velocidad que es como si viajara en un bólido sin ver. Está por encima de mi velocidad y por eso he decidido distanciarme», dice quien antepone las comuniones familiares a los tentadores viajes que le proponen desde su reciente celebridad. «Ya sé que defraudaré a mucha gente en la próxima novela y quizá gane otros públicos. O no, pero de momento puedo seguir escribiendo».
'Intemperie' transcurre en el campo, es la fuga de un niño y el acontecer a partir de ahí. No hay nombres propios, una elección del autor que «quería decir lo máximo con lo máximo con lo mínimo. Si pones un nombre ya inauguras un territorio que puede acercarse al arquetipo, a un icono. Yo quería que los personajes funcionaran como piezas en un tablero, con una función clara, sin dar asideros al lector, obligándole a completar él los huecos. Eso también aportaba tensión al texto».
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