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CARLOS ÁLVARO
Domingo, 24 de febrero 2013, 13:32
El pasado enero, el paro alcanzó en Segovia una cifra histórica: 13.052 personas sin empleo. Un número contundente que esconde situaciones personales verdaderamente angustiosas. Hasta el momento, esos 13.052 ciudadanos han compartido sus preocupaciones y temores con su círculo más íntimo. Hoy, 23 de febrero, dan el primer paso para hacerse visibles y transmitir a la sociedad que el paro es un problema que atañe a todos, porque en esta España que agoniza todos somos susceptibles de dar con nuestros huesos en las colas del Inem. Hoy, 23 de febrero, echa a andar la denominada Asamblea Parad@s en Acción, una plataforma que pretende aunar voluntades y esfuerzos para combatir los devastadores efectos derivados de la falta de trabajo, materiales, por supuesto, pero también psicológicos y emocionales.
Son ya muchas, demasiadas, las personas que llevan tiempo en situación de desempleo. La falta de estímulos, de perspectivas, y la impotencia que genera la búsqueda infructuosa de un puesto de trabajo les aboca a un estado de desesperanza con tintes dramáticos. La solidaridad entre los afectados y las ansias de encontrarse para apoyarse y encarar juntos el futuro han dado lugar a la constitución de Parad@s en Acción, colectivo que esta tarde, a partir de las 19:30 horas, tomará parte en la manifestación convocada por la Plataforma contra la Crisis. «Con ello queremos romper la tendencia al repliegue sobre nosotros mismos que todos los parados experimentamos, abrirnos a la puesta en común de problemas y soluciones, hacernos visibles al resto de la sociedad, pues somos parte esencial de ella», afirma Javier Huerta, una de las personas que han puesto en marcha el movimiento, un número reducido hay en torno a quince que aspira a ir creciendo en las próximas semanas, cuando Parad@s en Acción logre convencer de que la solución está en la unión, porque la «unión hace la fuerza».
Javier, de 48 años, lleva parado algo más de un mes. Ayer visitó la redacción de El Norte de Castilla junto a otras tres personas que estos días se emplean a fondo para dar cuerpo a la asamblea: César, Pilar y Leire. Aunque unos muestran más reticencias que otros, no les importa dar la cara, «porque ni somos apestados ni contagiamos la lepra», se queja César. Son cuatro de los 13.052 ciudadanos que la fría estadística del paro arrojó hace menos de un mes, «pero no somos una mera estadística, sino personas con rostro, y necesitamos que se nos oiga y se nos vea», añade. Sentados en torno a una mesa, cuentan sus historias, hablan de su situación, de sus preocupaciones, de la ausencia de expectativas y futuro, en un ejercicio de valentía digno de agradecer en una ciudad inmóvil, agazapada hoy más que nunca en sus temores y prejuicios, en sus miserias.
No es fácil vivir parado. No son pocas las personas que necesitan un apoyo psicológico, una muleta que les ayude a llevar mejor el desamparo y la mella que la falta de ocupación remunerada hace en la autoestima de quien la sufre. Este es uno de los objetivos de la recién creada asamblea, que se nutre de personas integrantes de plataformas como Stop Desahucios, porque en esta maldita crisis todo va unido. «Con la unión perseguimos crear expectativas y mover a las instituciones a buscar una solución al problema. No puede ser, por ejemplo, que un desempleado pague los mismos impuestos que una persona que tiene garantizados unos ingresos. Ni pertenecemos a partido político ni a sindicato alguno. Somos independientes, personas normales que hemos trabajado durante toda la vida y que, ahora, nos vemos en paro. Nada más», apunta Javier. Son la avanzadilla de esos 13.052 ciudadanos que merecen ser escuchados.
César Martín, 47 años
Lo veía venir y al final llegó. El pasado 14 de diciembre se confirmaron sus sospechas más pesimistas. César perdió el trabajo, un empleo en un almacén de alimentación en el que durante 19 años desempeñó todas las funciones posibles. «La empresa se acogió a una reforma laboral salvaje, alegó pérdidas y me dejaron en la calle con una indemnización de 20 días por año trabajado y sin expectativas», señala, dolido.
Después de casi dos meses visitando la cola del Inem, César, que tiene 47 años y toda las ganas de trabajar propias de su juventud, es una de las personas más empeñadas en constituir la Asamblea Parad@s en Acción: «No podemos quedarnos en casa. Los parados no contagiamos la lepra ni ninguna enfermedad por el estilo. Somos personas, trabajadores. En una ciudad como ésta, tan pequeña, cuesta decirlo, pero la gente lo tiene que saber. Yo a la única que no se lo he dicho es a mi madre, que tiene cáncer y no quiero perjudicarla más, pero hay que romper el estigma que arrastramos las personas en situación de desempleo», añade.
Las expectativas son poco halagüeñas: «Cuando trabajaba vi pasar por la empresa muchos currículos de gente formada, con experiencia. Pero los empresarios quieren un chico de 20 años con la experiencia de un hombre de 50 y eso es imposible de encontrar».
Leire Maroto, 22 años
A sus 22 años confiesa que cometió el error de dejar los estudios de manera precipitada. Ahora le gustaría retomarlos, pero no puede sufragarse ni los desplazamientos. Esta vecina de Bernuy de Porreros pone rostro a infinidad de jóvenes segovianos que buscan una salida desesperada en un país sin incentivos ni esperanza alguna.
Leire abandonó los estudios y probó suerte con varios contratos de formación. Finalmente abrió en el pueblo un pequeño negocio, una tienda de alimentación que después se vio obligada a cerrar porque no le dejaba ganancias. «Me comieron los impuestos. Solicité ayudas, pero me exigían como requisito crear un puesto de trabajo fijo durante al menos cinco años. Una quimera, vamos, porque no me quedaba dinero ni para mí...»
Desde entonces está parada. Casi un año lleva ya. «Y sin percibir nada, porque no tengo derecho a nada. Este invierno he repartido más de cuarenta currículos, y nada de nada. Nadie ha llamado. No hay opciones. Piden experiencia y no la he adquirido. Ahora he pesando retomar los estudios pero no tengo dinero para sufragarme los gastos que esta alternativa me generaría. Tengo todo el tiempo del mundo, pero no puedo hacer nada».
Su juventud tampoco le da alas. «Es una situación desesperante, muy angustiosa».
Pilar B, 48 años
Pilar, 48 años, se muestra muy pesimista. No ve salida. Lleva en paro desde diciembre de 2011, aunque en diciembre de 2012, justo un año después, estuvo contratada seis días, a través de una empresa de trabajo temporal. Desde entonces, nada. Y sin perspectivas: «Siempre he trabajado y si alguna vez me fallaba el trabajo, me ponía a fregar escaleras o limpiaba en alguna casa. Ahora, ni eso sale, ni eso. Me da igual trabajar en lo que sea, pero no me sale nada», afirma. Su edad es uno de los mayores inconvenientes: «He percibido que tener 48 años es un problema. Para muchas empresas, soy mayor y no doy el perfil. Del Inem no me han llamado para ningún trabajo, y los cursos que me proponen se imparten en El Espinar o Cantalejo. Así que, si con 426 euros que percibo al mes tengo que gastarme 10 diarios en gasolina, no me queda ni para comer, con lo cual, tampoco puedo hacer los cursos».
Pilar es más reacia a dar la cara, pero entiende que los parados necesitan hacerse visibles, unir fuerzas y contarse sus problemas: «Psicológicamente se pasa realmente mal porque te sientes incapaz y necesitas hablar. Todavía nos hemos reunido poco, pero viene muy bien. Animo a participar incluso a aquellas personas que luego no quieran intervenir en actos reivindicativos», señala.
Javier Huerta, 48 años
Javier Huertas es un trabajador polifacético. Domina varios oficios y se ha pasado tda la vida en el tajo: conductor de autobús, masajista, nutricionista... El 'crack' inmobiliario lo dejó en el paro en diciembre de 2010, pues trabajaba en el sector de la construcción. Decidió entonces pedir el pago único de la cantidad que le correspondía por desempleo e invertirla en la puesta en marcha de un negocio de estética, nutrición, masajes... «Lo abrí en junio de 2011 y aguanté bien el primer año. Los primeros ocho meses incluso cubrí gastos, pero desde junio de 2012 la situación empeoró y el negocio fue en picado. Cerré el pasado 31 de diciembre y me quedé en la calle, sin percibir dinero del paro, con una hipoteca a la que hacer frente y una familia a la que alimentar. Cuando me establecí por mi cuenta pedí una ayuda a la Junta de Castilla y León. Bueno, pues, concedida y todo, he acabado cerrando el negocio y aún no he recibido un euro. Esa subvención me hubiera permitido tirar al menos dos años más».
Ahora, Javier tiene muy claro que los parados no pueden quedarse 'ídem': «Con los oficios que tengo me encuentro con las puertas cerradas en todas partes, pero no me resigno. Debemos unirnos y luchar, aunque lo estemos pasando mal. Hay muchas cosas que se pueden lograr».
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