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Javier Pérez Andrés
Jueves, 24 de enero 2013, 00:05
El cocinero Miguel Ángel de la Cruz y el pastelero Julián Arranz demostraron en la jornada de clausura de Madrid Fusión que la creatividad no está reñida con el medio rural. El chef de La Botica, de Matapozuelos, y el confitero de Pedrajas de San Esteban se cocinaron la provincia vallisoletana dividida en tres grandes comarcas. Mano a mano, en la tarima de los cocineros estrella, De la Cruz y Arranz, Arranz y De la Cruz, pusieron en valor la gastronomía derivada del paisaje vallisoletano.
Tres comarcas
La Tierra de Campos, productora de esos excelentes cereales con los que se hace el pan de Valladolid y que cuenta con una gran riqueza cinegética, principalmente los pichones, en un paisaje plagado de palomares y campos verdes en invierno y amarillos en verano.
La ribera del Duero, cuya influencia es una bendición para los vinos de las denominaciones de origen vitivinícolas de la provincia vallisoletana, pero que también permite contar con una excelentes huerta en Tudela de Duero, «una gran desconocida», según se lamentó Miguel Ángel de la Cruz.
Y la Tierra de Pinares, de la que son oriundos los dos ponentes, conocida por sus piñones, pero de la que sobre todo el cocinero de Matapozuelos extrae toda su esencia, con el uso en su cocina de la piña verde y muchas plantas silvestres desparecidas en las cocinas actuales, pero a las que sí recurrían los antepasados.
Su justo sitio
La intervención conjunta del cocinero y del pastelero situaron el mundo rural en la vanguardia de la cocina internacional. Una ponencia que patrocinaba la Diputación Provincial de Valladolid, que entraba de esta manera por la puerta grande en Madrid Fusión 2013. Su presidente, Jesús Julio Carnero, dejó claro que la gastronomía de la provincia, que aúna tradición e innovación, ha encontrado su justo sitio, es decir, la Cumbre Internacional de Gastronomía.
3.500 raciones
Los hosteleros vallisoletanos pusieron el broche de oro a la Cumbre Internacional de Gastronomía, que terminaba pocas horas después. Esta vez fueron menos, nueve, los hosteleros que elaboraron las 3.500 raciones que fueron saboreadas con deleite por los invitados, prescriptores, ponentes y periodistas en la sala vip del pabellón 14 de Ifema. El desfile de tapas, con el lechazo estrella como plato estrella antes de los postres, estuvo acompasado por algunos de los mejores vinos de la provincia vallisoletana.
Nueve bodegas
Los vinos de las bodegas Museum, Abadía de Retuerta, Dehesa de los Canónigos, Tinto Pesquera, Emilio Moro, Mocén, De Alberto, Grupo Yllera y Valdelosfrailes se armonizaron con los guisos, pinchos y postres de los restaurantes Ángela, Noche y Día, La Tahona, El Balcón de las Médulas, Ceyjo, La Criolla, Los Zagales, Fortuna 25 y Campogrande.
Durante la despedida, el alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva, dio por hecho que el Ayuntamiento y los hosteleros regresarán el próximo año a Madrid Fusión para volver a demostrar «las excelencia de su cocina y de sus vinos».
Un año más
José Carlos Capel, director de Madrid Fusión, agradeció un año más «el altísimo nivel de la gastronomía vallisoletana». Es indudable que el periodista y escritor, todos los años, abre la puerta al Ayuntamiento de Valladolid para que los hosteleros regresen a la siguiente edición con sus creaciones culinarias, dado que son ya seis los años consecutivas en las que se ha contado con su presencia. Eso sí, por el cambio de formato este año han sido nueve, según señalaban tanto León de la Riva como el presidente de la Asociación de Hostelería, Jaime Fernández.
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