

Secciones
Servicios
Destacamos
ANTONIO CORBILLÓN
Sábado, 28 de noviembre 2009, 17:56
Llega sola a las puertas del Teatro Principal de Zamora y saluda al personal de sala como si llevara 20 años haciendo allí la función. Toda de negro, botas de cuero altas, medias a juego... la siempre pizpireta y presumida Concha Velasco se transformará en un rato en la ajada Madame Rose, la vieja prostituta de 'La vida por delante'. Curiosa metáfora de la que promete que será su última gira.
Mañana cumple 70 años, cifra que no sólo no evita sino que repite orgullosa. La noche anterior a su primera función zamorana, sus amigos del teatro le montaron una fiesta en Madrid. «Llegué a casa a las cuatro de la mañana», confiesa. Del cuello le cuelga a la Velasco un monóculo, aunque no parece necesitarlo demasiado para ver clara la vida por delante que le apetece vivir. O lo que, simplemente, la vida ha elegido para ella. «Sé que me espera la soledad absoluta». Tampoco necesita lupa para reflexionar sobre todo lo que quedará atrás cuando se baje el último telón. En su rostro siguen brillando tres puntos de luz: sus intensos ojos marrones y el lunar de su mejilla derecha que siempre se negó a ocultar.
-El martes sus amigos de la farándula le dieron una gran fiesta en Madrid pero ¿cómo va a celebrar este domingo su cumpleaños?
-Pues estaré en San Cugat (Barcelona) y me pillará trabajando en el escenario, ¡como siempre!
-Menudo follón ha montado con eso de que se jubila. ¿No sé por qué me da la sensación de que lo dice con la boca pequeña?
-No, no, lo digo con la boca grande ¡eh! Jubilarse no es retirarse y tengo derecho a una jubilación y a mi plan de pensiones, ese que tengo ahí y que, cada vez que este país entra en crisis, recesión, o llámalo como quieras, a mí me entra un miedo horroroso.
-¿Le asusta ese futuro de lo puramente material?
-Es que nos asustan y mucho. Me han pasado muchas cosas en estos años. He rehecho mi vida conmigo misma. En la fiesta del otro día me preguntaban ¿has rehecho tu vida?...
-...siempre he odiado esa expresión. La vida no se rehace, simplemente continúa.
-Claro, por eso respondí a la pregunta que sí y, cuando me preguntaron con quien, dije: 'He rehecho mi vida conmigo misma'. Nunca he estado menos sola que ahora que estoy sola. Porque ahora mis hijos están pendientes de que no me falte de nada. Mi representante, que me acompaña hasta la puerta...
-...¿Y antes?
-Antes estaba muy sola. Porque a veces no es la compañía sino el sentirse sola. ¡Y yo ahora estoy estupenda! Pero me digo, ahora que voy a hacer 70 años, con todo lo que he luchado y he trabajado, ¿voy a acabar en un asilo? No me gustaría. Y por eso me he planteado eso de la jubilación. No lo hago como esos toreros que dicen que se retiran para que vaya más gente. Porque yo sé que esto se va a llenar igual. (Lo dice en Zamora cuyo teatro ha tenido que añadir una fecha para atender a la demanda).
-¿A qué tiene miedo?
-A perder la cabeza.
-Con su trayectoria y su disciplina para superar golpes cuesta pensarlo.
-Ya, pero nunca se sabe. Manolo Escobar, que es un grandísimo amigo, me decía el otro día, 'no sabes cómo has cambiado en estos últimos cuatro años para bien'. Y yo lo noto y quiero tomarme las cosas con más calma.
-López Vázquez, su 'morito', quiso morir con las botas puestas. ¿Concha no?
-No, yo no quiero morir en el escenario. De las cosas más terribles que he visto fue ver a Adolfo Marsillach saliendo a escena con un cáncer terminal. Prefiero el final de Greta Garbo o Charles Chaplin. Tampoco me gusta el de Marilyn Monroe, suicidada y alcoholizada... ¡A mí me hubiera gustado ser la Garbo y retirarme en plena juventud y siendo multimillonaria!
-¿Y como eso ya no va a ser posible?
-Pues me gustaría retirarme siendo todavía joven y disfrutar de una vida que hasta ahora no he podido. Porque a lo mejor hay otra vida, un poco más tranquila. Y a lo mejor porque soy una persona muy vanidosa y no quiero hacer papeles pequeños... Como ves soy una pura contradicción.
-¿Y qué lamenta que no haya hecho o con alguien con quien quiso trabajar?
-En eso soy como López Vázquez que no decía nunca si un director era más importante que otro. Lo único que lamento es que no voy a trabajar con los chicos que salen ahora. Por cierto ¿has visto 'Celda 211'? ¡Vaya joya! El guión va por delante de todo.
Cuentas pendientes
-Su protagonista, Luis Tosar, dijo hace poco que sólo trabajaría sin mirar el proyecto con Concha Velasco.
-Pues si yo le tuviera delante me pondría de rodillas porque me ha devuelto la alegría de ser actriz española. No creo que haya visto una interpretación tan buena como esa en mucho tiempo.
-Con el cine tiene una cuenta pendiente. ¿Sólo se llevará un Goya cuando sea honorífico?
-Nunca te dan los premios por los trabajos que tu quieres y te gustas sino por los que le gustan a los que votan.
-¿Se imaginaba todo esto cuando empezó a bailar con Caracol y Celia Gámez?
-No, yo quería ser bailarina de ballet. Pero empecé a bailar como vicetiple y chica de conjunto. Era una cosa esporádica pero estábamos en la calle y nos recogió la familia de Madrid.
-Porque llegó a dormir literalmente en la calle.
-Sí, no dormía en la calle porque tengo terror a la oscuridad y necesito algo de luz. Pero lo mío era ser bailarina. Lo de actriz vino después. Mi madre, que era muy inteligente, me dijo 'hija, para esto también hay que estudiar'.
-¿Y fue muy aplicada?
-¡Matrícula de honor en el Conservatorio y beca para ir a Londres! Recuerdo a mi madre pasándome las lecciones para que hablara inglés, francés, latín...
-Las ventajas de tener una madre republicana.
-Mi madre era maravillosa, la echo mucho de menos. En esta Madame Rose creo que influye, está aquí. Ya sabes que los ancianos, cuando van perdiendo la memoria, se acuerdan más de la infancia.
-Aunque su infancia en Valladolid fue bastante breve.
-Sí, yo he vivido poquísimo en Valladolid, pero soy muy de raíces. Igual que en Zamora, donde he vivido y tengo muy presente el pueblo de mi padre, Luelmo de Sayago. Ahora nos ha entrado a mi hermano y a mí la recuperación de la casa de nuestros padres y abuelos en el pueblo.
-¿Y qué le queda de Valladolid?
-Mucho. De entrada, hablar bien. Yo ahora lo intento con mi nieto. Manejar ese idioma tan bonito que tenemos. Y eso que se habla mejor en Zamora que en Valladolid.
-¡Se le van a enfadar!
-No, pero es verdad que en Valladolid hay más 'tonillo'. En Zamora es más plano.
-¿Para qué querría tener dinero?
-Pues para visitar toda esta España que yo he recorrido como una maleta, de gira en gira, y que no me ha dado tiempo a conocer.
-Sólo hay un libro de memorias suyas y creo que no está por la labor de más. ¿Siempre hacia adelante?
-¿Te refieres a 50 años de todo? Yo sólo quiero mirar atrás para hacerlo con cariño y reconocimiento. Todo lo que me ha pasado es pasado. Yo estoy en el futuro. Tengo 70 años, buena salud aunque el corazón un poco 'chunquillo', la úlcera por ahí protestando, pero no quiero ser una vieja amargada, ni como abuela, ni como actriz.
-Y retirarse como Madame Rose ¿A que le gustaría más un musical? Uno que resuma su vida.
-Pues sí, eso quiero. Pero mi empresa de ahora ha dicho no y mis hijos no me dejan que vuelva a embarcarme.
-¿Hay algún papel que se ha quedado por hacer que le apeteciera?
-¡Todos! Yo hubiera querido hacer 'La Regenta', 'Fortunata y Jacinta', todos esos de la gran literatura española.
-¿Y de que papeles 'alimenticios' abominaría ahora?
-No, no, nunca hay un trabajo 'alimenticio'. Eso no se puede decir, es un contradios. También el tuyo lo es. A lo mejor me tienes que entrevistar a mí cuando te gustaría estar con otra persona. Pero, gracias a mi trabajo, he vivido estupendamente. Y también lo he perdido todo con mi trabajo. Que yo nunca me he dedicado al juego o la cocaína. Trabajos a lo mejor mal llevados pero tampoco he atracado a nadie.
-¿Ha sentido alguna vez que la profesión la rescataba de otros fracasos?
-No, no para mí no es un refugio esta profesión.
-¿Quiere decir que cambiaría...?
-No, no, yo no cambiaría nada porque eso es imposible. Yo soy muy realista. También muy creyente. Me gusta serlo y necesito serlo. Yo soy de misa. Pero nunca pienso en lo que debería haber hecho. La vida es así y hacemos lo que podemos.
-A usted no le han hecho falta métodos actorales como el Stanislavski. Le ha bastado su vida real.
-Yo he estudiado todos los métodos y me los conozco todos. Pero lo más importante es creerte en el momento de salir al escenario que eres el personaje. Y después, cambiarte de camisa como los lagartos. Yo termino de hacer Madame Rose y me quito la piel entera como una serpiente. Por eso me molestan los directores que no saben verme fuera del escenario.
-¿Usted es de las que cree como Camilo José Cela que el que resiste gana?
-Si, sin duda, sigue valiendo en España y en el mundo mundial. Pobrecitos si no. Digo pobrecitos porque ahora sufrimos una crisis económica a la que nos ha llevado una crisis de valores. Hemos dilapidado 30 años.
-¿Hubo un tiempo en el que no valoró lo que tenía?
-Siempre estaba trabajando y quería más y más, hasta que te quedas sin nada. Y ahora llego a mi casa y lo valoro tanto que no quiero perderlo. Poder dar un paseo por la calle tan tranquila, eso es esencial.
Es lo que hay
-Y eso es libertad. ¿Siente que se le debe algo a aquella chica ye-ye que meneó las caderas y ayudó a abrir aquella sociedad pacata?
-Pero debe quedar claro que nunca me he sentido perseguida ni vetada. En España había una sociedad que sobrevivía, aunque no sabía a qué porque no se hablaba de nada. No nos hacíamos ninguna cuestión y prosperábamos y caíamos con arreglo a nuestras posibilidades.
-Pero usted fue capaz de romper moldes, tener un hijo de soltera...
-Sí, pero todo eso me fue endureciendo, porque por ahí sí fui muy criticada, dolorosamente criticada. Y me ha hecho que tenga una cabeza muy lúcida. Y ojalá hubiera sido así antes pero, para llegar a ser cómo soy ahora, había que pasar todo eso.
-¿También la han criticado por implicarse en política, en apoyar al PSOE?
-Eso es una cosa que me da mucha pena en este país y que ha hecho que últimamente no quiera implicarme en nada. En Estados Unidos un actor puede hacer campaña y después nadie deja de ir a verle al cine.
-Leonard Cohen dice que el corazón se abre y se cierra hasta que no puede más. ¿El suyo se agotó del todo?
-No, eso no me gustaría nada. Además mi corazón nunca se ha cerrado, lo que pasa es que funciona en otro sentido. Además mi cabeza sigue funcionando mucho mejor. Mi corazón no ha funcionado bien. Yo cuando me enamoraba, me enamoraba y ¡se acabó! Ahora mi cabeza no le permite esas cosas.
-¿Es mejor así?
-Es lo que hay. Soy tan disciplinada, autocrítica y perfeccionista, que quiero serlo hasta en los últimos años que me toque vivir. Y ahora me toca la dureza de ser una mujer mayor que lo admite.
-Si el diablo cojuelo le ofreciera un pacto ¿cambiaría algo de lo conseguido a cambio de que alguien especial le coja la mano?
-Me la cogen mi nieto y mis hijos. No quiero a nadie más.
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Recomendaciones para ti
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.