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Gigantes fósiles de Fuensaldaña
PROFESOR DE Hª DE LA CIENCIA

Gigantes fósiles de Fuensaldaña

ANASTASIO ROJO VEGA

Viernes, 14 de noviembre 2008, 02:28

En Castilla tenemos tendencia a considerar que no hemos sido nada ni lo somos, que no hemos tenido nada ni lo tenemos, y en Valladolid, como población central de ella, a exagerar sobre lo uno y lo otro. Llega Fulano de no se sabe dónde y dice que hay uranio en la provincia de Salamanca y nos hacemos de cruces ¡cielo santo! ¡uranio!; vienen otros vestidos de coronel Tapioca y nos dicen que en Atapuerca está uno de los panteones ilustres de la historia del hombre y volvemos a santiguarnos ¡Virgen santísima! ¡en Burgos!.

A las puertas de Valladolid hay hermosos yacimientos de mamíferos fósiles de cuando estas tierras fueron calco de Kenia y el Serengueti: leones, guepardos, elefantes, hipopótamos, cocodrilos, jirafas, antílopes, ñus. sólo que no eran leones, ni guepardos, ni elefantes, sino especies mucho más primitivas, tan lejanas de las actuales como puedan serlo los hombres de Atapuerca de nosotros en el aspecto, y en el tiempo más.

Si la bahía de Cádiz guarda bajo sus olas galeones hundidos para los saqueadores de tesoros, Fuensaldaña esconde bajo cebadas y viñedos preciosos huesos de la Era Terciaria que, en este caso afortunadamente, nada importan a nadie.

Su primer gran prospector fue Antonio Maria del Corral, vallisoletano, cuando siendo alumno de la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid recibió el encargo de su profesor de Geología, don Narciso Puig, de hacer una memoria sobre el Mioceno local. Algunos años atrás, en 1913, había encontrado, casualmente, restos de mastodonte, un gran elefante primitivo, en una tierra propiedad de su familia en Las Fontanicas de Castroverde de Campos. Con tales antecedentes, a Puig no le debió caber duda de que en aquel alumno se reunían dos preciosas cualidades: la de ser oriundo de terrenos que nadie antes había explorado y la demostrada capacidad de localizar restos paleontológicos en ellos.

El hallazgo de los yacimientos de Fuensaldaña fue hecho por el propio Corral en el verano de 1917, aprovechando las vacaciones de la Escuela.

No nos imaginemos a don Antonio con las mangas de la camisa arremangadas, salacof, pico y pala; él pertenecía a la buena sociedad local, no a la de braceros, jornaleros y ganapanes. En realidad su descubrimiento fue llegar a saber que en Fuensaldaña se habían recogido unos huesos, que a unos les parecieron de gigante y a otros de mamut, en tierras de doña Melchora Morencio, en el pago El Barrero: «Aproveché la ocasión para sacar a aquella familia de su error, y persuadirla de que varios de ellos pertenecían a un genero mucho más importante, siquiera por ser los primeros ejemplares de valor que de él se hallaban en España, y de que convendría hacerles adquirir por algún Museo de la nación».

En Fuensaldaña hay varios puntos que ofrecen restos de mamíferos fósiles grandes y pequeños. Siendo estudiante recogí dientes de rinoceronte y 'anchiterium' del Barrero, que regalé al padre Belda para su museo de Reparadores de Alba de Tormes. Allí estarán. Los demás siguen bajo tierra, afortunadamente. Una Atapuerca de cuando aún no existía el hombre.

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