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EL NORTE
Miércoles, 22 de octubre 2008, 02:43
Bajo el nombre GCE Biotecnología y Proyectos, la empresa zamorana ha creado recientemente esta nueva sociedad dedicada al desarrollo de proyectos de I+D+i en el área de biocarburantes y energías renovables. Su primera apuesta es fuerte. Se trata de una biorrefinería multifuncional que será una realidad en la localidad leonesa de Santa María del Páramo. El autor de la iniciativa, el ingeniero agrónomo zamorano Vicente Merino, lo explica como «un proyecto global, novedoso a nivel internacional, que pretende crear macrocomplejos industriales en los que se pueda producir todo tipo de biocombustibles, como bioetanol, biodiesel o hidrógeno, así como piensos y productos químicos de diversa índole».
La característica principal de esta biorrefinería está en que todos estos productos finales se pueden conseguir a través de remolacha alcoholígena, «aunque, por su carácter multifuncional, podría en ciertos momentos incorporar también cereales como excendentes y actuar como regulador de mercados, nunca incidiendo con una línea de competencia con el canal alimentario», añade Merino.
De esta forma, el núcleo base, como denominan a la planta de Santa María del Páramo, tendría su materia prima asegurada durante la campaña de la remolacha, de octubre a marzo, mientras que el resto del año podría funcionar con jugos almacenados o con otros cereales, ya que, a partir de la fermentación que se hace de ellos, el proceso es común para todos en la fábrica, informa la agencia Dicyt.
Sin duda, este proyecto se convierte en una salida para un sector, el remolachero, que ha sufrido una bajada importante durante los últimos años. La empresa ya se ha puesto en contacto con agricultores y la respuesta es muy positiva. «Hablamos de pagar entre cuarenta y cuarenta y dos euros por tonelada puesta en fábrica, más otros acuerdos a mayores a los que se puede llegar con cooperativas si se supera un margen de rendimiento. Para ellos, supone una gran seguridad», afirma Vicente Merino, quien ve únicamente ventajas en este cultivo. «A nivel económico y social es muy importante para la región y ya está muy desarrollado: los agricultores lo controlan, existe la maquinaria, y hay una serie de hectáreas que se van a retirar para producir azúcar. Todo ello se puede aprovechar para esto».
Los cálculos, además, hablan en su favor: una planta que produce doscientos mil metros cúbicos de bioetanol con el trigo o la cebada necesitaría 160.000 hectáreas, mientras que se podría conseguir la misma cantidad con sólo 18.000 hectáreas de remolacha.
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